lunes, 6 de febrero de 2012
Tiempo
Otro día, quizá. Insistimos en darle al tiempo cualidades que no tiene, nos empeñamos en vestirlo de dios, un dios sin mayúscula, sin sabiduría y sin vida. Al final siempre caemos en la misma figura, sólo difiere su forma, su carácter, la actitud que tomamos frente a ella... y sin embargo siempre, al final de toda cuenta, se trata de la misma figura. Aplicamos este concepto de dios-tiempo a toda nuestra vida: creemos que las heridas sanarán con él, estamos convencidos de que los misterios más enigmáticos del universo pueden explicarse con el irremediable fluir del mismo. Se rechazan con aversión las proposiciones teológicas, pero al final nos encontramos aquí con la misma incapacidad de comprobación, la misma especulación, el mismo nivel de incertidumbre. Los unos depositan su fe en Dios y explican las más grandes incógnitas del universo con Él. Los otros, por el contrario, depositan su fe en dios y explican las más grandes incógnitas del universo con él. Y lo único que queda frente a eso es dudar. Dudar y maravillarse.
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Lúcido juego de mayúsculas y minúsculas, al final. Y me pareció muy bueno el texto en general. Creo que el tiempo no es la solución (porque no creo que haya Solución), pero al menos habilita la esperanza. Y la esperanza no es poca cosa, ni es falsedad, ni nada de eso. ¡Saludo!
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